viernes, marzo 03, 2017

Chicas de calendario. La pasional Ada.


A mediados del siglo XIX no existían los llamados ahora viajes de placer, todo lo contrario, aquellas travesías se parecían más a viajes infernales. Pues bien,  un ‘tour’ de esta clase se vio obligada a realizar Ada McGrath de Escocia a Nueva Zelanda con su piano a cuestas y además para reunirse con un marido impuesto. Y este es el drama de Ada, muda desde los seis años, viuda y con una hija, que debe someterse a un matrimonio de conveniencia al otro lado del mundo, todo muy ‘heavy’. Sin embargo Ada va a superar todas las adversidades gracias a su piano y a la música.

‘El piano’ es una gran película de los noventa, hace años que no la veo pero en su día me impactó por su fotografía, su música, sus interpretaciones y su trama. En unos paisajes espeluznantes por su salvajismo y su belleza Ada debe lidiar con dos hombres primitivos; Alistair Stewart es su marido por contrato de larga distancia, que la ha comprado como quien encarga por catálogo unas estanterías de Ikea, parece un tipo medianamente cultivado pero es un reprimido atado a convenciones sociales y religiosas. El otro es Georges Baines, más rústico pero con cierta sensibilidad al que le gusta escuchar el piano de Ada pero aún más tocarla a ella. Y allí en medio está ella, una mujer pequeñita, sin habla, frágil en apariencia (interpretada de maravilla por Holly Hunter) pero con un volcán interior, que expresa con su música y con la ayuda de su hija toda su rabia. En la película Baines sale mejor parado que el marido y eso que su relación con Ada comienza de la peor manera, por chantajearla a través del piano, pero el chantaje da paso al cortejo hasta que finalmente Ada escoge a George lo que desencadenará la tragedia…y no cuento más!

Un dramón de época que os encantará, dejaos llevar por la hipnótica música de Michael Nyman y por la fascinante fotografía de esta película, nunca he visto nada parecido, da la sensación de que la humedad te cala y el barro te envuelve, el autor de esta maravilla es un fotógrafo neozelandés llamado Stuart Dryburgh. Y por supuesto no me olvido de su directora, Jane Campion que supo dotar a su película de una sensibilidad muy especial para contarnos el drama de esta gran mujer que sin comerlo ni beberlo aterriza en una tierra extraña, donde la obligan a casarse con un desconocido, es vejada y maltratada, despojada de lo que más quiere y debe salir adelante por si misma, es una historia vieja pero que hoy en día se repite con demasiada asiduidad, os suena mucho, ¿no?



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