miércoles, agosto 24, 2016

Chicas de calendario. La maravillosa Alicia.


Todos conocéis la historia de Alicia en el País de las Maravillas, aunque curiosamente, casi nadie ha leído el libro. Este es un caso, como el Quijote, de fábula archiconocida, que se ha divulgado durante décadas por medio del cine y la televisión, del cómic, de la pintura e ilustración, del teatro, de la ópera y hasta de los videojuegos. Así que como la trama es muy sabida no voy a contarla y me voy a centrar en su creador, Lewis Carroll y la relación que mantuvo con la musa inspiradora de su obra, Alice Liddell. 
Carroll (1832-1898) fue profesor en la Universidad de Oxford, diácono, matemático y uno de los pioneros de la fotografía. Era más inglés que el té de las cinco y un reprimido del copón. Imaginaos la escena; en ese ambiente victoriano tan elegante y puritano, rodeado de los magníficos jardines de Oxford, el bueno de Lewis pasa sus tardes en la librería de la universidad ante una buena chimenea encendida. Sin embargo no se dedica solo a repasar tratados matemáticos, se distrae a diario contemplando aturdido a tres niñas que juegan en un jardín del vecindario que además no son unas desconocidas, las tres son hijas del decano de la facultad donde ejerce. Según desvelan sus diarios, cartas y fotografías, estaba obsesionado con las niñas, parece que las sospechas de perversión son reales, aunque nunca pasó de ser un amor enfermizo, nada se sabe de algo parecido al abuso sexual. Dada la imaginación y el talento de Lewis Carroll mejor no imaginar que podría haber hecho 150 años después con medios como internet en sus manos.
Se tiene constancia que hizo cientos de fotografías a las pequeñas, sobre todo a Alice, su favorita. Todo lo demás es especulación; que si llegó a pedir la mano de Alice, que si era un pedófilo reprimido, que si se ponía hasta arriba de opio.

Lo cierto es que este hombre extraño nos dejó una obra universal, un cuento que anticipaba al mismísimo surrealismo, lleno de paradojas y dobles sentidos, con códigos ocultos e interpretaciones aún por resolver. A primera vista parece un cuento infantil, con una niña como protagonista pero en una lectura detenida de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ se pueden extraer reflexiones más profundas como una crítica a las costumbres de la época (ese sombrerero loco y su eterno té de las seis), su preocupación por la educación (las dudas de Alicia sobre su identidad) o el rechazo a la intolerancia (La Reina de Corazones gobierna mediante un despotismo infame).

Me gusta mucho ese mundo absurdo donde un gato de Cheshire aparece y desaparece, Alicia crece y empequeñece, personajes cambian de forma y todo parece un delirio repleto de personajes extravagantes como el Dodo, la liebre de marzo, la oruga que fuma narguile, el sombrerero loco, el conejo blanco…

Hasta ahora no me había dado cuenta pero las historias de Tutticonfetti están en deuda con esta aventura maravillosa de Alicia; mundos paralelos donde mis personajes buscan otra realidad: una sirena en lata a punto de ser devorada; una escalera con la que, si tienes un mal día, se alcanzan la nubes o una vaca con alas. Por esto y mucho más adoro esta fábula universal y a pesar de las rarezas de su autor hay que reconocer su enorme valor literario. En fin, como se dice en estos casos, Lewis Carroll murió hace mas de un siglo pero su legado permanece y su Alicia quedará para siempre ya como un mito de la cultura universal.


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