domingo, enero 24, 2016

Otra razón para abrir un libro: las portadas de Daniel Gil.


Una de mis grandes placeres ocultos de toda la vida ha sido perderme entre estanterías de librerías o alucinar ante los anaqueles de las ferretería. Imagino que esos lugares abigarrados, con miles de artículos, significaban para mi una especie de refugio, todavía me ocurre, en una ferretería bien surtida puedo pasarme media mañana sin mirar el reloj, en las librerías voy picoteando de sección en sección sin rumbo, sin horario ni calendario. Mi pasión por las librerías viene de antiguo, en los ochenta, siendo una cría me fascinaba curiosear entre las baldas repletas de volúmenes, aspiraba el olor a papel y tinta como si de incienso de iglesia se tratara y siempre llevaba un trozo de papel en el bolsillo donde apuntaba los títulos que algún día -cuando mi economía me lo permitiera- compraría. 

En aquellos tiempos el número de editoriales que se ofrecían al lector eran modestas en comparación con la variedad de hoy en día pero cualquier librería que se preciara de serlo no podía prescindir de Alianza Editorial en bolsillo. Era una colección de referencia y una de las primeras editoriales en España en lanzarse al mundo del libro de bolsillo. Sin embargo lo que primero me atrajo de esta editorial fueron sus portadas, eran fascinantes. Con Alianza empecé a tomar conciencia de la importancia de un buen diseño gráfico, de lo fundamental de acompañar un contenido de calidad de un formato a la altura. Cada vez que sacaba un volumen de su estante me asombraba un montaje, una fotografía, un collage o un dibujo a cual más innovador. Ninguna editorial española podía presumir de un diseño parecido y su creador era el mítico Daniel Gil.

Daniel Gil nació en Santander en 1930, cursó estudios de Bellas Artes en Madrid y después, en los años 50, estudió diseño en Alemania para volver a España a trabajar como diseñador de portadas de discos. En 1966 fue contratado por Alianza Editorial para su colección más exitosa, “El Libro de Bolsillo” donde rompió moldes. Daniel Gil se convirtió pronto en un referente del diseño español con portadas experimentales y muy innovadoras. En 1992 abandonó la editorial y se dedicó a otras actividades, por ejemplo fue el creador del símbolo gráfico del Museo Thyssen-Bornemisza. Falleció en 2004.


Además de ser uno de los más importantes creadores gráficos de este país, Daniel Gil dignificó la profesión reivindicando siempre la importancia del diseño como un concepto fundamental en sí mismo, no como mero ornamento. Afirmó que sus cubiertas eran una “reflexión gráfica sobre el libro” y en una de sus consideraciones más lúcidas sobre la dialéctica entre la dependencia del texto para el que se diseña y la dependencia del criterio del diseñador es la siguiente:

“No traicionar al libro pero tampoco aniquilarse a sí mismo creativamente” […] La edición, por tanto, deja de ser un mero soporte para convertirse en parte constituyente y significativa del libro.


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